 |
 |
CARLOS
CARPANETO | ccarpaneto@ole.com.ar
Lucchetti; Barraza, Méndez,
López, Bustamante; Quinteros, Bustos, Erviti, Rodríguez;
Fernández y Silva. Quiera Dios que estos 11 apellidos se
reciten de corrido dentro de décadas, como se alude a otras
grandes formaciones que han hecho historia en el club... Así
como vamos, por lo menos estamos para dar esa pelea por el gran
sueño. Por lo pronto, estos 11 jugadores, el equipo de
Falcioni que ya sale de memoria, volvieron a alistarse juntos
desde el arranque y el equipo regresó a la victoria.
Contra Colón había
faltado el gran uruguayo goleador tras su roja vs. Newell's, ante
Atlético se había ausentado Papelito por sus compromisos
con la Celeste y frente a Arsenal fue Barraza el titular de baja
(a causa de una lesión). Y fueron todos empates... ¿Casualidad?
¿Causalidad? Con los 11 de memoria liquidamos el asunto
en apenas 45 minutos. Fue todo lo que se le puede pedir a una
tarde para que sea perfecta: el Lencho a pleno sol, la gente alentando
a full de punta a punta y el equipo brindando un show de juego
y contundencia. No se puede hablar de puntos bajos. Todos rindieron
por encima de la media. Hubo altísimos rendimientos en
Silva, en Erviti, en Quinteros (su mejor partido en el club).
Pero todos se llevan el gran aplauso. Los centrales son unas fieras,
lo de Julito es una muestra de la mentalidad ganadora del plantel,
Bustos conmueve, Papelito es el primer defensor del equipo y James,
aun con las intermitencias propias de un pibito de 18 años,
es un lujo para la vista. Se vienen semanas de adrenalina. Y un
pedido: piedad en los laburos. Tenemos que copar La Plata el miércoles
a la tarde contra el Lobo y reventar Peña y Arenales el
lunes 3 a las 19 ante el Pincha. ¡Vamos, Taladro!
Piedad en los laburos: el miércoles,
asueto para ir a La Plata. |
 |
El
Francotirador – Diario Olé – Jorge Mario
Trasmonte.
Reflexión
1: los jugadores siguen agarrándose todo
el tiempo y dan coartada para fallos mistoerioso. Reflexión
2: Bassi trataba anoche en TV de explicar el penal
que le dio a Lanús, una acción que en su estilo
jamás sanciona. Es de siga siga, de ignorar roces y agarrones
adonde no va la pelota; de no cobrar faltas menores y aún
no tan menores, ni para el juego por huevadas. Reflexión
3: Lanús es una de los clubes mejor conducidos y uno
de los que mejor juegan, más allá de ayudas arbitrales.
Pero hay alguien de digita las carreras de los árbitros.
Designa, suspende, asciende, borra, envía a torneos mundiales
y continentales con viáticos jugosos. Como decía
Minguito, “les puede levantar un manolito o hacerles un
buraco así”. A Jorge Romo, presidente del Colegio
de Árbitros, se le atribuyen fluidos vínculos
con la dirigencia de Lanús. Laverni se equivoco contra
Lanús y fue parado. Maglio se equivocó a favor
de Lanús y a la fecha siguiente dirigió River
– Independiente.
Romo hace y deshace sin rendir cuentas a nadie y sólo
responde a su amigo Julio Grondona, quien le consiguió
un puesto rentado ¡en la FIFA! Los más capaces
maestros de árbitros (Coerezza, Loustau, Elizondo) se
han ido de la AFA limitados, condicionados y disgustados con
Romo, quien nunca dirigió ni Primera D. A Romo lo denunció
Castrilli en 1998 por aleccionar a los referís jóvenes
para que miraran bien los colores de las camisetas antes de
sancionar. El juez penal Mauricio Zamudio comprobó que
eso ocurrió, pero no pudo probar delito porque más
de 20 árbitros (muchos de los que hoy están en
Primera) declararon que no se sentían presionados. Le
temen más a Romo que a la justicia.
|
 |
NOTA:
INFOREGION
Luego
de haber hecho constar en actas un dato falso y de ser investigados
por la oposición los dirigentes de Banfield reconocieron
que vendieron el 100 por ciento del pase de Civelli al Ipswich
Town y no la mitad. “La operación fue turbia y
le sacamos la careta a los dirigentes que en la reunión
de CD seguían sosteniendo que habían vendido el
50. Estas maniobras oscuras se terminaron, vamos a investigar
todo”, apuntó el vocal de la Unión Banfileña
Eduardo Spinosa. El presidente Carlos Portell reconoció
que hubo “un error de comunicación porque el club
sólo conserva el 50 por ciento de una futura venta”.
Ay, Banfield…
Aquel affaire que protagonizó el “Gato” Leeb
o la polémica que estalló en el club tras las declaraciones
del tesorero Raúl Coler hace poco más de una semana
parecen historias más que agradables al lado del escándalo
que estalló ayer en Banfield: la oposición, que
acusaba a la dirigencia de “maniobras turbias” en
la venta de Luciano Civelli al Ipswich Town inglés (a cambio
de un millón 500 mil dólares), logró comprobar
que la Comisión Directiva que preside Carlos Portell vendió
el total del pase del zurdo y no el 50 por ciento como intentaron
probar desde el vamos.
“Investigamos,
no nos quedamos quietos y gracias a la ayuda de hinchas de Banfield
que viven en Inglaterra nos hicimos de una copia del contrato
de Luciano. Y si uno ve ese documento y lo compara con el que
figura en actas son dos cosas totalmente distintas. El club vendió
la totalidad del pase, no la mitad como intentaron hacer creer.
Tenemos una opción de un 50% de una futura venta que no
es lo mismo porque si queda libre, por ejemplo, el club no recibe
nada y además no puede negociar con nadie este porcentaje.
¡Hasta en la reunión de CD pretendían seguir
con la mentira!”, disparó el vocal de la Unión
Banfileña Eduardo Spinosa.
La
realidad del fútbol ingles marca que los clubes no pueden
comprar porcentajes de jugadores. Y en ese contexto Banfield vendió
la totalidad en 1.5 millones de dólares. “Sospechábamos
de que algo raro había porque cuando pedimos la copia del
contrato (lo hizo el revisor de cuentas Martín Viñuales,
como correspondía) en el club nos dijeron que debíamos
esperar una semana porque no tenían las llaves de la secretaría.
Un verdadero bochorno”, tiró Spinosa, que en octubre
fue candidato a presidir el club y contó con un apoyo masivo
de los socios, aunque perdió la elección por menos
del 1 por ciento de los votos.
¿Qué
dice el presidente Portell? “Acá hubo un
error de comunicación. El 50 por ciento que tiene Banfield
es de una futura venta porque en Europa no se permite tener porcentajes
(sic), lo que pasa es que algunos dirigentes como Spinoza no tienen
experiencia para gestionar en un club”, se defendió.
Portell
le comentó a Región 90.5 que además es falso
que el Taladro vaya a cobrar cuotas de 150 mil dólares
porque “el club inglés donó 200 mil dólares
para pagar los gastos de la transferencia, por eso no debe pagar
más”. Ni una buena…
“Nosotros
asumimos que se explicó mal, ahora estamos esperando que
Luciano venga a Buenos Aires para agradecerle porque él
siendo jugador libre (¿cuándo quedó en libertad?)
Banfield pudo cobrar los derechos federativos en 1 millón
y medio de dólares. Y cuando vos vendés algo que
no es tuyo tenés que aceptar ciertos condicionamientos.
No queríamos un nuevo caso como el de Neri Cardozo, como
le pasó a Boca. Él pidió un dinero que no
podíamos pagar para renovar y si quería tomarse
un avión e irse podía hacerlo. Por eso estamos conformes
con la gestión que nos permite cobrar este dinero por los
derechos federativos”, completó Portell.
Otra
polémica, otro escándalo y más “errores
de comunicación”. Y una frase poco afortunada de
Portell para rematar un día caliente. “La elección
fue en octubre, estamos recién en febrero… creo que
de acá a diez días todos van a ver como la comunicación
va a mejorar en todos los aspectos”, prometió.
|
 |
Levanta
las banderas de los jugadores finos como Riquelme. Elogia fuerte
a Passarella y a Lavolpe y asegura que está feliz en
el Taladro: "A mí no me vuelve loco ponerme la camiseta
de Boca o la de River".
JORGE
LUIS SIERRA | jsierra@ole.com.ar (Nota Diario Olé
Digital del 29 de enero de 2009)
Integra
algo así como la Sociedad de los Poetas Muertos del fútbol.
En paralelo con la ideología de aquella película,
hoy son pocos los futbolistas que combaten el modernismo de correr
y no pensar. De sacarse la pelota de encima en lugar de intentar
algo distinto. Walter Erviti, su juego, se enrola en la escuela
de Riquelme y Pitu Barrientos, por caso. Lucha, desde su lugar,
por un fútbol mejor.
-¿Qué
fútbol argentino te encontraste al regresar de México?
-Miraba
mucho desde allá. Está más agresivo, hay
menos juego, todos arriesgan menos, lo que importa es no perder.
Se ven pocos buenos partidos y eso perjudica al espectador y a
los que nos gusta ver buen fútbol. Ojalá podamos
cambiar la idea de que sólo se puede ganar cuidándose.
-Eso
hace difícil jugar...
-Es
la presión. En todos lados el fútbol es igual, supongo.
Pero la presión y la pasión de acá, no. Nadie
te regala nada. No es tan lindo espectáculo, mucha agresividad
en el juego de mitad de cancha, los defensores paran la pelota
poco y nada, el juego es aéreo, y así se hace difícil
para los que intentan.
-Es
una piedra en el zapato para tu estilo.
--No
sólo para mí, para todos. No creo que a la gente
le guste estos partidos. Pero todo tiene un por qué. Por
ejemplo, los técnicos duran poco, no pueden programar y
deben ganar ya. Muchos luchan promociones, si arriesgan les puede
costar caro. Y cuando no hay seguridad de un sistema, si no hay
confianza, optás por el camino más corto: defender
y ver cómo hacer un gol. La mayoría está
eligiendo ese camino.
-¿Se
acabaron los lujos?
-Falta
paciencia. Al que quiere jugar buen fútbol, la gente lo
toma de pecho frío, de tener poca responsabilidad. Todo
es consecuencia del resultado. Todos quieren ganar sea como sea.
Al que arriesga un poco, le dicen que está equivocado.
-¿Te
pasó?
-Soy
de leer y escuchar poco. Lo veo en los demás. Antes que
un lujo o una jugadita, paran y tocan, y no sé si es para
sacarse la responsabilidad o que ya está escrito: hay que
asegurar la pelota, no arriesgarla. En realidad, hay momentos
y lugares en la cancha para hacer todo. No vas a tirar un lujo
al lado de tu arquero, pero en campo rival sí. Así
se rompen las defensas rivales que amontonan gente. Hoy te hacen
un gol y es muy bravo entrarles.
-¿Cuántos
piensan así?
-Mis
compañeros piensan como yo, quieren jugar bien al fútbol.
El camino más corto para ganar es jugar bien.
-¿Es
muy distinto en México?
-En
Monterrey la gente es de vivir muy particularmente el fútbol.
En cuanto al apoyo, se parece mucho al argentino, aunque saben
que se trata de un espectáculo. Se asemeja a lo ideal del
deporte. Se puede vivir con pasión, criticar, insultar,
pero hay un límite, sin llegar a la violencia.
-¿Por
qué volviste?
-Decidieron
no contar más conmigo, Jorge (Burruchaga) me llamó
y me hizo sentir importante.
-¿Quisieron
que te nacionalizaras?
-No
me lo pidieron directamente: lo barajó la dirigencia. Un
técnico me dijo que para el club era mejor. A mí
no se me ocurrió nacionalizarme para jugar en México.
Si lo hacía era por mis condiciones... y no por mexicano.
Si dependía de eso, me volvía. Otros lo hacen por
la Selección, como Guille Franco, cosa que a mí
nunca se me pasó por la cabeza. No por despreciar al pueblo
mexicano porque de hecho tengo dos hijos nacidos ahí y
un lazo afectivo. Simplemente, me siento argentino, y más
allá de la lejanía, la ilusión de jugar en
la Selección, es lo último que se pierde.
-Ahora,
con Maradona, nada parece lejano.
-Soy
consciente de los jugadores que hay en la Selección...
Después depende de lo que hagas en tu equipo. Si lográs
algo bueno tendrás más posibilidades. Voy a luchar
por ese deseo, aunque el porcentaje no sea grande.
-¿Si
jugaras en un grande sería más fácil?
-No
creo, mirá el caso de Morel. Depende del juego del equipo.
Si andás bien y el equipo no, terminás siendo insignificante.
Si un jugador resalta en un equipo del fondo de la tabla, tiene
poco valor.
-Te
lo pregunto ya en una oportunidad pudiste pasar a River.
-Nunca
fue algo serio. Me llamaron como muchos otros, pero yo quería
estar en Monterrey. Y tampoco hubo oferta oficial. Me hubiera
encantado volver a ser dirigido por Passarella. Le voy a estar
eternamente agradecido: al llegar a Monterrey, tuve los primeros
seis meses muy bravos y me bancó cuando toda la ciudad
me criticaba. Nadie me daba más de cinco partidos. Sólo
alguien con su personalidad lo pudo hacer.
-¿Está
en tu podio?
-Por
ahí quedo como un chupamedias pero a mí me tocaron
los técnicos en el momento justo. Ruggeri me hizo debutar
en un equipo grande y no me sacó más: le agradezco
ser futbolista. Me puso y nunca pretendió cambiarme el
estilo, ni me hizo dudar de lo mío. Después salí
campeón con Pellegrini, con Passarella. Y en mi consolidación,
un mexicano como Miguel Herrera, descubrió todo mi potencial,
jugué de lateral izquierdo, de volante zurdo, de contención,
de nueve, de wing derecho, hasta en las prácticas me puso
de central.
-¿Quisieron
cambiarte?
-Nunca.
-¿Y
Lavolpe?
-Muchos
creen que me peleé con él. No. Fue uno de los que
menos tiempo tuve y del que más aprendí. Un tipo
que estudia muy bien el fútbol, lo ve, trabaja mucho. La
pasé bien. Llegamos a semi y perdimos en el último
minuto...
-Nunca
te habría puesto de enganche...
-No
le gusta a Ricardo. En realidad, yo creo que si él tiene
a un jugador capacitado y que sabe leer el juego, lo pondría.
Creo que al no tenerlo, prefiere jugar sin enganches.
-¿Y
el caso Riquelme?
-Pasa
porque él quiere jugadores ágiles, de ritmo. Que
le cumplan dos funciones: atacar y defender. No le convence el
enganche clásico. Pero tampoco tuvo un jugador como Riquelme.
Para mí, Román le gusta a todos los técnicos,
te hace ganar un partido. Lavolpe es estricto, trabaja tácticamente
pero no es ningún tonto. Es muy inteligente.
-¿Se
necesitan más jugadores como Román?
-No
hay muchos como él, ojalá los hubiera. No hay quién
se le parezca. Por ahí alguno le pega como él pero
no logra pensar el partido igual. O al revés. Es completo.
-¿Por
qué lo critican?
-Es
más fácil... Cómo hacés para jugar
90 minutos al mismo ritmo, tocar bien todas. Es imposible. Obvio
que en algún momento se va a equivocar pero también
te marca la diferencia. Boca vive estos momentos: lo hace de su
mano.
-¿Lo
conocés?
-No.
-¿Lo
admirás?
-Lo
reconozco. Para mí la gente que gana y hace ganar a los
compañeros merece un párrafo aparte. Porque es fácil
jugar individualmente, agarrás la pelota, gambeteás
y por ahí hasta hacés goles. Se complica cuando
debés hacer jugar a tus compañeros, hacerlos pensar,
ubicarlos en la cancha, y encima jugar bien. Román lo hace.
-¿Por
qué pasaste sólo por tres clubes?
-Yo
sé que el negocio del futbolista está en las transferencias.
Pero a mí no me mueve la plata, tengo otras pautas. Si
me quedé seis años en México es porque estuve
muy cómodo y no veía necesidad de cambiar por dinero.
Cuando se acabó, me vine para Banfield y me quiero quedar
mucho tiempo acá. No son sólo palabras. Cuando terminó
el torneo anterior tuve para irme de nuevo a México. Y
el club y el técnico dijeron que no me vaya y no hice ningún
problema. No me peleé con nadie, no pedí aumento,
nada.
-Podrías
estar en Boca o River...
-Estoy
más allá de los colores. Puedo jugar en un grande
o en un chico. Se puede estar bien en unos o en otros. Soy feliz
acá, me encontré con el mejor grupo mi carrera.
No me vuelve loco ponerme la camiseta de Boca o la de River. Mi
cabeza está acá y trato de ser mejor acá.
Me trajeron en julio sin saber de mi nivel. Se la jugaron. En
todo caso, si hay una oferta muy importante tampoco Banfield la
va a despreciar. A los 28 años, no es momento de pelear
por plata.
-¿Tus
metas?
-Mejorar
y salir campeón. Es una sensación incomparable.
Pero para eso debemos mejorar. Cometimos muchos errores colectivos
e individuales. Hay que ordenarse, ser agresivo a la hora de recuperar
y luego llegar con mucha gente y concretar...
-Tuviste
historias muy particulares en México... Como la de Uciel.
-Sí,
un nene que tenía leucemia y estaba en tratamiento. Me
admiraba y yo lo visitaba, lo acompañaba. Al tiempo, los
doctores me dijeron que se estaba abandonando, empecé a
visitarlo de nuevo, lo llevaba a comer, a pasear, a que se dé
cuenta que debía lucharla. Cuando estaba en su mejor momento,
la enfermedad se lo llevó. Estuve con él hasta una
hora antes de su muerte. Me había encariñado mucho.
Pero haberle dado una alegría fue especial. Seis meses
antes, un amigo mío también murió de leucemia
y ahí hice un clic. Entendí que la vida es corta,
hay que disfrutarla. Lástima que haya que pasar por una
situación así para darse cuenta.
|
 |
Comienza
su era en Banfield. Antes de asumir habló de su controvertido
paso por Independiente y sobre cómo ve el fútbol
actual. "Soy un obsesivo de mi trabajo".
¿Por
qué más de un año sin dirigir, Burru?
-Dependió
de mí. Cuando terminamos en Independiente me había
propuesto descansar. Defensa, Los Andes, Arsenal, Estudiantes,
Independiente... casi sin parar.
-Es
raro. ¿Qué pasó: Independiente te desgastó?
-Quieras
o no, agarraba bancos cada vez más problemáticos.
Con todo lo que me significó la salida de Independiente,
me propuse estar más con la familia, ver crecer a los chicos
más chicos... Luego traté de encontrar un lugar
donde hubiera interés en común. Tuve ofrecimientos
acá, en el mercado mexicano... pero no.
-Cambiaste
de equipo de trabajo. ¿Eso implica cambios en tu forma
de trabajar?
-No
mucho. En este tiempo crecí. Vi mucho fútbol. En
la Argentina los rótulos están impuestos.
Pero
soy un obsesivo de este laburo. Tengo grabados todos los partidos,
todas las fechas. Así como conozco a Banfield, los conozco
a todos. Los mínimos detalles.
-¿Es
más fácil trabajar en Banfield que en Independiente?
Al menos, tenés menos presiones.
-No.
Mirá: es más difícil salvarte del descenso
que salir campeón con River o Boca. La presión es
la misma. Lo que cambia es la repercusión que tenés
en un lugar u otro. Y por eso, los dirigentes reaccionan distinto.
Nada más. Salvo River o Boca, hace un tiempo nadie hace
grandes locuras.
Hacían
diferencia porque tenían los mejores, que salían
del club y también compraban a los mejores que salían
de los otros clubes. Hoy la cuna de Boca o de River está
igual que la de Banfield.
-¿Se
emparejó para arriba o para abajo?
-Se
dan las dos. Los desbordes vienen cuando se hacen mal las cosas,
arriba o abajo. Los que logran calmar esa corriente y están
convencidos... Es como la base de una casa. Cuando está
bien, todo está bien.
-¿A
vos te quedó el resquemor de haber pasado por un grande
y ahora volver a un chico?
-No,
yo me proyecto como cualquier entrenador y tengo ambiciones de
llegar lo más lejos posible, de llegar a un lugar deseado,
pero no me voy a volver loco.
-¿Ese
lugar deseado es Independiente, otro grande, la Selección?
-Para
todo entrenador es poder dirigir la Selección, o volver
a dirigir un grande. O ir a Europa. Pero para mí, desde
que me vino a buscar, Banfield es el mejor club de mundo...
-Vos
no tenés las urgencias que tienen otros.
-Cada
uno tiene su manera de ser. Yo, por llegar, no me voy a volver
loco, haré las cosas bien, sin traicionar... Depende de
un montón de cosas. Por ejemplo, si Denis, de los 18 goles
que hizo en el torneo de Troglio, hubiera hecho diez conmigo,
por ahí éramos campeones y estaríamos hablando
de otra cosa.
-A
Troglio, en Independiente, se lo acusó de ser amigo de
los jugadores. Se dijo que fue uno de los motivos de su salida.
-Me
gusta un buen trato con el jugador, que parte de la confianza.
Tanto el entrenador como el jugador debe ser honesto, saber los
límites, haber distancia. Por mi modo de ser, es difícil
que sea amigo de un jugador, pero estoy abierto a todo lo que
pueda decirme. Con esto no juzgo a Pedro. El técnico exitoso
no depende de eso.
-¿Cambió
el trato con el jugador?
-Ahora
la relación es mucho más compleja. Lo mismo que
la relación que nosotros tuvimos con nuestros viejos, y
la que tenemos con nuestros hijos. Las relaciones humanas han
cambiado muchísimo. Y el lugar de conductor de fútbol
es muy complejo por muchos factores. Los jóvenes llegan
más rápido, se venden enseguida en millones de dólares,
desde muy chicos están rodeados de representantes, de padres
que no tienen trabajo... Son urgencias que tiene los pibes, que
antes no había. El fútbol de hoy es complicado por
todo eso. Sobresalen más los inteligentes.
-¿Más
que los jugadores habilidosos?
-Si
se dedican y se concentran, logran la diferencia más fácil.
Hoy son más importantes los inteligentes que los habilidosos.
Siempre lo fueron, hoy con más razón. Indudablemente
debés tener buenos jugadores, pero en este fútbol
tan dinámico, sobresalen los inteligentes.
-¿Y
la experiencia?
-El
fútbol argentino se basa en pibes muy jóvenes. Un
Verón o un Calderón, se mantienen por capacidad
y porque son enormes profesionales.
-Hoy
los más referentes se van haciendo técnicos dentro
de la cancha.
-¿Lo
decís por un gesto que hizo Verón con Sensini? Siempre
hubo técnicos dentro de la cancha.
Dos
o tres por equipo. Pero ahora no hay tantos. Salvo Verón
o Riquelme ningún equipo los tiene. Son los que marcan
rumbo. Hoy los jugadores queman un montón de etapas. Desde
las Inferiores, que deberían ser lugares de aprendizaje,
de enseñanza. Pero llegan a Primera con muchas carencias.
Lo que pasa es que la locura del resultado llegó a Inferiores.
Si bien el resultado es importante, en Inferiores es lo que menos
te tiene que importar.
-¿Cómo
se combate?
-Hay
clubes que lo logran. Lanús, Vélez, Estudiantes...
Trabajan bien. Todos los años logran que pueda haber dos
o tres jugadores nuevos surgidos del club... Es una muestra. Pero
claro, a ese pibe, si juega bien tres partidos se lo vende, aunque
muchos vuelven enseguida. Esta locura llegó a todos lados.
No debería pasar que, por ejemplo, un técnico de
Primera deba enseñarle al jugador a pegarle con la zurda...
-Hablabas
de Europa. ¿Tan lejos estamos?
-Estamos
a años luz. ¿Te imaginás, por ejemplo, que
el técnico de River vaya a ver a Boca para estudiar cómo
juega, como Ferguson cuando fue a ver Chelsea-Liverpool? Un año
dirigiendo en Argentina son cinco años dirigiendo en el
fútbol europeo...
-¿Te
pesa el torneo que ganó Lanús?
-Para
nada. No, no siento esa presión. |
 |
El
baile del siglo (FERNANDO OTERO | fotero@ole.com.ar
- Nota Olé 09/03/08)
Banfield fue a la casa del campeón, donde había
fiesta armada, y cambió la música. El ritmo lo marcó
Cvitanich, con dos goles y dos asistencias. Y el resto sonó
bárbaro.
Baile
en estado puro, Banfield le sacó viruta al piso una vez
que se adaptó a la escena. De un arranque con balbuceos,
maniatado por el aura que desprendía la prenda más
deseada, tuvo que tomarse 20 minutos para conseguir aplomo, crecer
en seguridad y, entonces sí, animarse a la aventura. Sólo
en ese breve período Lanús lo intimidó con
sus antecedentes de rey, la escenografía montada y sus
movimientos firmes, con Valeri más decidido a conducir
que a pararse en la franja izquierda, con Blanco profundo por
derecha y Biglieri saliendo de la banda en ensayos de diagonales.
Chocho
Llop no le escapó al dirty dancing: si una muestra del
ánimo de combate transmitido por el entrenador se obtiene
a partir de la recuperación de pelota, pues el DT resultó
convincente en su arenga. Banfield empezó a llevar el ritmo
una vez que confinó a los tipos brillantes de Lanús
a una función oscura. Doble o triple marca sobre Valeri
(parece un remedo del campeón), estampilla a Sand y volantes
cerca de la defensa para obstruir el tránsito fueron aspectos
de la primera misión. Una vez en posesión, Banfield
se soltó de cuerpo y fue a encarar de la mano de Darío
Cvitanich.
Hombre
de la matiné, ahí cuando los chicos se divierten,
el descendiente de croatas podría haberlo hecho con idéntica
eficacia en horario nocturno. No hubo proteccíón
al menor para el pibe Quintana, obligado por posición a
sufrir con su pareja. Un torneo atrás, Sand encarnaba el
sueño clásico de consagración en duelo barrial.
Ayer sacó turno el otro punta. A Cvitanich no le quedaron
tareas por hacer: desborde y asistencia, una vez por abajo y otra
con envío por aire (en el primer gol y en el tercero),
potencia y sutileza (segundo), velocidad y precisión (quinto).
Hasta forzó el córner del que derivó la volea
de Santana. Ahora que Eduardo Da Silva, el goleador de Croacia
nacido en Brasil, estará una temporada larga en convalecencia,
los dirigentes federativos bien podrían intentar un nuevo
ejercicio de seducción para aumentar el fervor balcánico
de Cvitanich. Lanús, cierto es, hizo modificación
a pleno en la defensa, pues nada queda --sobre todo por lesiones--
de la que se consagró en el Apertura. Salvo Faccioli, referencia
de ataque en cada pelota parada del Grana (sólo en ese
aspecto el local superó al visitante, pero para algo estaba
Lucchetti) y el menos permeable cerca de Bossio, los demás
corrieron de atrás al 20, se descontrolaron con las apariciones
del 16 (Civelli acertó cada vez que trepó desde
su puesto de volante por izquierda) y se sorprendieron con el
32 (Laso les hizo un nudo).
Banfield
fue número principal porque golpeó en instantes
precisos: en una contra al cabo de un ataque frustrado por Lucchetti,
poco antes del cierre del primer tiempo y en el comienzo del segundo,
justo por el callejón abierto debido a la salida de Benítez.
Esa tampoco le salió a Lanús, ajeno a la costumbre
de recurrir a una retaguardia de tres.
Banfield
contó con la virtud del predador, porque jamás se
apiadó de un equipo maltrecho. Por asuntos de vuelta olímpica,
andaba con la sangre en el ojo. Y dejó que fluyera, a temperatura
de hervor. |
 |
El
destino de "vivir" de los goles en los dos arcos (Nota
Clarín.con 04-02-08)
En Mendoza se dividía entre jugar de delantero y de
arquero. Pero en un momento se quedó entre los palos, aunque
dice que disfruta más hacer un gol que salvarlo.
En
el destino de Cristian Lucchetti había un arco. Y había
gol. Aunque al principio no estaba claro si su objetivo iba a
ser convertirlos o evitarlos. Es que en Mendoza, su provincia
natal, el actual jugador de Banfield se dividía en la cancha.
"Durante seis años, en mi club, Lujan Sport Club,
jugaba de delantero en mi categoría y de arquero en la
división más grande", explica. Aunque a esa
altura, él no tenía dudas: quería ser delantero:
"Ser arquero no era el puesto que realmente sentía".
Sin
embargo, las vueltas de la vida igualmente le pusieron el número
1 en la espalda. Pero ese espíritu que cultivó cuando
hacía sus primeras armas como jugador finalmente pudo revelarse
también en Primera.
-¿Cómo
fue arrancar a patear penales en Primera? Tu primer gol fue ante
Boca.
-Sí.
Fue en la Bombonera, se lo hice a (Oscar) Córdoba. Venía
desde la B Nacional con ganas de patear. En ese momento el técnico
era (Ramón) "Mané" Ponce y el encargado
de patearlo era Garrafa (Sánchez). El erró un penal
contra Quilmes y entonces Mané me empezó a decir
que los pateara yo. Obvio que a Garrafa no le gustó esa
decisión.
-¿Qué
te decía Garrafa?
-El
me decía: "Si cobran un penal ni se te ocurra cruzar
la mitad de cancha". Garrafa pateaba muy bien los penales
y yo no iba. Cuando ascendimos, Garrafa empezó a jugar
menos. Entonces no quedó un pateador definido y contra
Boca, Garisto me mandó a que lo pateara yo y por suerte
lo hice. Tuve la desgracia de errar dos penales seguidos y por
eso estuve tres o cuatro años para volver a animarme a
patear.
Ese
2 de diciembre de 2001 parecía ser el comienzo de algo
duradero. Pero la racha se cortó rápido. Darío
Sala y Juan Carlos Olave le detuvieron los dos siguientes penales
que pateó y frenó también esa incipiente
carrera de goleador. Por un tiempo tuvo que conformarse con ahogar
gritos de los hinchas rivales. Pero lo que Lucchetti siempre quiso
fue generarlos para los propios. Ese es su verdadero placer.
-¿Qué
disfrutás más, una atajada o un gol?
-Hacer
un gol. Eso no tiene comparación con nada. Si bien una
atajada puede salvar un partido, el grito de la gente, el festejo
de un gol es lo mejor que te puede pasar.
Ahora,
en este Apertura consagratorio para Banfield, el arquero pudo
conjugar dos de sus placeres. Figura en varios partidos por sus
atajadas, Lucchetti también quedó como el goleador
del equipo junto con Darío Cvitanich, con 6 tantos cada
uno. "Se dio que nos cobraron muchos penales, algo que no
es muy habitual. El mérito es más de Darío
que mío. No es lo mismo hacer un gol de penal que de jugada.
Inclusive algunos penales que hice fueron faltas que le hicieron
a él", dice, humilde. Lo cierto es que gracias a la
marca del último torneo, Lucchetti quedó como el
segundo arquero que más goles convirtió a nivel
local. Llegó a los 12 tantos, con los que superó
a Sebastián Saja, que quedó con 11. Por ese dato,
la imaginación vuela inmediatamente hacia otro arquero
que no sólo se destacó en eso de evitar que la pelota
entre en el arco propio, José Luis Chilavert. El paraguayo
todavía está lejos: tiene 36 goles.
-¿Te
interesa alcanzar a Chilavert en cantidad de goles?
-No
tanto. La verdad que lo que hizo, lo que ganó Chilavert
es prácticamente inalcanzable. El tiene una personalidad
enorme, es un tipo verdaderamente ganador. Sin dudas que estoy
lejísimos de él. Por supuesto que me gustaría
alcanzarlo, pero es casi imposible de igualar.
-¿Entonces
por ahora no te animás a patear tiros libres?
-No,
no. Acá hay chicos que le pegan bien. Ir a patear un penal
es arriesgado y patear un tiro libre es más arriesgado
todavía. Hace bastante probé algunas veces y, por
el momento, no creo que vaya a patear. De todos modos nunca hay
que decir nunca. Capaz que me agarra la loca y los voy a patear.
Ezequiel
Avillaneda
Los
datos
En el último torneo, Cristian Lucchetti se destapó.
La racha arrancó en la 4ª fecha, ante Arsenal. La
definición fue con suspenso, porque Mario Cuenca adivinó
la intención del arquero de Banfield, que definió
en el rebote. Lo mismo sucedió ante Rosario Central, por
la 7ª fecha. Hernán Castellano tapó el remate,
pero a Lucchetti, otra vez, le quedó la posibilidad de
definir. Sí pudo convertir directamente ante Lanús
(5ª fecha), Independiente (11ª) y Olimpo (14ª).
Para cerrar un campeonato inolvidable tanto en lo personal como
en lo colectivo, el mendocino le marcó a River en la última
fecha. Tras su primer gol a Boca, Lucchetti volvió a convertir
el 26 de noviembre de 2006 ante Gimnasia de Jujuy, por el Apertura,
en el que también le marcó a Belgrano. En el Clausura
2007 le convirtió a Nueva Chicago, Racing y Quilmes.
|
 |
Banfield
tiene qué festejar (Nota Olé 09/12/07)
WALTER
VARGAS wvargas@ole.com.ar
Banfield
consumó un campañón. ¿Se sugiere,
acaso, que sus hinchas deberían salir disparados hacia
el Obelisco y pasarse allí unas cuantas horas a pura
corneta y papel picado? No, no se sugiere tal cosa. Pero, por
las dudas, volvamos al punto de partida: Banfield consumó
un campañón. Y eso porque a expensas de River
sumó su cuarta victoria del Apertura ante rivales usualmente
llamados "grandes" y los tres puntos le permitieron
sobrepasar la línea de Argentinos y Boca y terminar,
sí, cómo no, tercero. Podio para Banfield, a dos
puntos de Tigre y a seis de Lanús.
Lanús:
he allí el ingrediente perturbatorio o más que
perturbatorio, decisivo para que muchos seguidores de Banfield
se sientan condenados al infierno del desencanto. Y, la verdad,
visto desde cierta perspectiva el asunto tiene algo de asidero.
La vuelta olímpica del adversario clásico es un
trago muy difícil de digerir, de modo que declinaremos
postular un fútbol inspirado en la bondad suprema de
Peter Pan, Barney y Winnie The Pooh. Sin embargo, tampoco se
consentirá la idea de que el destino del jardín
ajeno es más significativo que el destino del jardín
propio. Más vale estar advertidos del tan difundido tic
de disfrutar el padecimiento del vecino tal si fuera una conquista
fatta in casa, o, como sería el caso, vivir la conquista
del vecino como la más humillantes de las derrotas.
Banfield
afrontó la adaptación de un nuevo técnico,
fomentó el crecimiento de los pibes, puso en sintonía
a los maduros, asimiló el 0-6 con Boca, el tropiezo con
Lanús y una desquiciante alternancia capicúa (ganar-perder-ganar-perder...),
hasta estabilizarse como uno de los mejores equipos del torneo.
¿Da o no da para sentirse satisfechos por el deber cumplido?
|
|
Un
dignísimo tercer puesto Nota TyC Sports (24/12/2007)
El Taladro hizo una gran campaña, sólo teñida
por la consagración de Lanús. A pesar de todo, el
equipo que dirige Juan Manuel Llop tuvo una destacable actuación.
Por eso, un aplauso para el plantel.
A
pesar de todo, el Taladro hizo una gran campaña. Teñida
por la consagración de los vecinos, pero inobjetable desde
donde se la mire. El equipo que dirige Juan Manuel Llop consiguió
un dignísimo tercer puesto. Por eso, un aplauso para el
plantel.
La
travesía tuvo muchos vaivenes, pero un spring final a toda
orquesta. El ciclo Llop comenzó con una dura derrota ante
Estudiantes de la Plata, fue 0-3 en el Florencio Sola. Pero, por
suerte, con una rápida recuperación. La segunda
fecha fue 1-0 como visitante frente a Racing con el golazo de
Luciano Civelli de zurda. En la siguiente fecha nos visitó
un “amigo” de la casa, el Bigotón Lavolpe y
su Vélez. Y lo recibimos con un triunfo por 1-0. Luego
vino la goleada por 4-0 a Arsenal. Tres triunfos seguidos que
ilusionaron.
Sin
embargo, en la quinta fecha el equipo no pudo aguantar el triunfo
ante Lanús y con un hombre menos durante más de
la mitad del encuentro terminó perdiendo el clásico
en la cancha por 2-1.
A
partir de la derrota en el clásico aparecieron los vaivenes.
Derrota ante Tigre en Víctoria, triunfo agónico
ante Central por 3-2, tras un 0-2 abajo hasta los 40 minutos del
complemento y caída en La Paternal con Argentinos por 2-0.
Luego,
llegó la catástrofe. Fue un 0-6 con Boca de local.
Ahí el equipo tocó fondo. Porque se jugó
muy mal en todas las líneas y la derrota pudo ser mucho
más holgada. Un papelón con rápida solución.
En la fecha siguiente se le ganó a Gimnasia con gol del
Gran Darío Cvitanich, uno de los mejores delanteros del
fútbol argentino. Luego el equipo le ganó a Independiente
por 2-0 y la goleada en contra frente a Boca quedó en el
olvido. Pero la fecha siguiente de nuevo la irregularidad, caída
ante Huracán por 1-0 para luego derrotar a Colón
en el Solá por 3-1.
A
partir de la fecha 14 se empezó a normalizar la cosa para
cerrar la gran campaña. Se empató, primera igualdad
en el campeonato, en Bahía con Olimpo; luego se le ganó
con gol de Cvitanich a San Martín en San Juan y en la 16ta.
fecha se empató con los jujeños en casa. No se pudo
ante Newell’s en Rosario, donde cayó 1-0 y cerró
el Apertura con triunfo a San Lorenzo y a River.
La
gente ahora espera el campeonato para igualar al “hijo”.
Pero a no desesperarse. Ya se le va a dar al viejo y querido Taladro.
El primer club que jugó al fútbol en la argentina.
|
| |
Renato
Civelli: "Gorosito tiene razón"
El
defensor, como Pipo, asegura que Banfield tiene más gente.
Y picantea: "No quiero que Lanús salga campeón".
MAURO
BOLATTI mbolatti@ole.com.ar
A
ver, una sonrisita", le pide el reportero gráfico
de Olé. "No no, nada de risas. Mejor a cara de perro",
retruca él. Sabe que la situación que atraviesa
Gimnasia no da para chistes. Y sabe, también, que el partido
de mañana no será uno más… El lo jugará
con rabia. El es Renato Civelli, un ex Banfield que quiere taladrar
la ilusión Granate. Click, click.
—Está
claro que para vos será algo muy especial enfrentar a Lanús...
—Sí,
sin dudas. Primero por mí, porque me formé y tengo
parte de mi corazón en Banfield, y es obvio que no quiero
que Lanús salga campeón. Y segundo, porque tengo
muchos amigos en Banfield y un recuerdo enorme de toda la gente
que siempre me apoyó al 100%. Ganar mañana sería
una linda forma de agradecerles a ellos por todo lo que me dieron.
Y además a nadie le gusta que le den la vuelta en la cara.
—¿Lanús
es el mejor equipo del torneo?
—No
sé si es el mejor, pero me gusta mucho cómo juega.
Tienen una defensa sólida, un buen arquero, de mitad de
cancha hacia adelante tiene chicos que juegan muy bien a la pelota
y un José Sand brillante. Lo tuve de compañero en
Banfield y siempre destaqué sus condiciones. José
es uno de los grandes responsables de que Lanús esté
peleando el título.
—Bossio
dijo que Gimnasia tiene poco por perder y mucho por ganar. ¿Coincidís?
—No,
para nada. Nosotros cada vez que perdemos un partido, perdemos
muchas cosas acá en Gimnasia. A medida que vas perdiendo
partidos vas perdiendo también el apoyo del hincha, la
credibilidad como equipo. Y eso es lo que el jugador nunca quiere
perder, que es lo que en definitiva te hace estar bien.
—¿Es
verdad lo que afirmó Pipo Gorosito, que en el Sur el 70%
es de Banfield?
—Sííííí,
totalmente. Hay que ser muy exacto para tirar los porcentajes,
pero hay mucha más gente de Banfield. Eso te lo aseguro. |
 |
Néstor
Gorosito: "El 70% del Sur es de Banfield"
Pasó
por Lanús, los hinchas no lo quieren y él le puso
pimienta al partido. Con ustedes, Pipo en llamas.
ARIEL
KERTZMAN akertzman@ole.com.ar
Pasó
una largo rato desde el mano a mano con Olé. Néstor
Gorosito baja la ventanilla del auto y mete presión: "Ojo
con lo que vas a poner de título".
—Pipo,
el título está más que claro, lo dijiste
vos y está grabado: "El 70% del Sur es de Banfield".
—Sí,
sí, es así. Es más, vamos a ganar. Yo confío.
Los
rulos se pierden tras los vidrios polarizados, pero el aire queda
viciado de la pimienta verbal de Pipo. ¡Y cómo pica!
Se viene Lanús, equipo que estuvo bajo el mando de este
ex enganche de etiqueta negra. Y el hombre se descargó
con una frase que explotó en medio de la nota como si nada:
estaba esperando el momento, como en sus días de jugador,
cuando medía a los rivales hasta ver el hueco perfecto
para meter un pase de gol. Gorosito es vivo. Pegó en el
lugar que más duele. Pero dijo muchas cosas más.
—¿Enfrentar
a Lanús es especial para vos?
—No,
no sé si la palabra especial es la adecuada, me pone contento
porque a nivel dirigencial debe estar entre los mejores, hay gente
seria, respetuosa, de los jugadores ni hablar, son espectaculares.
Hasta el día de hoy me llaman, tenemos una excelente relación.
Es más, a todos los chicos que están ahora los pusimos
nosotros.
—¿Cómo
todos?
—Todos,
todos: Lautaro, Blanco, Valeri con nosotros tuvieron continuidad.
De jóvenes cometieron errores y ahora se ve la cosecha.
—¿Te
da orgullo?
—Y
sí, seguro. Lo dijo hasta Ramón Cabrero, que es
un tipo excelente y claro en sus conceptos: reconoció que
uno dejó cimientos importantes. Ahora, Ramón construyó
todo eso y es el producto actual.
—Es
decir, los frutos se ven con Cabrero...
—Es
normal, lo más importante no es el reconocimento de la
prensa, lo más importante es el reconomiento de los jugadores
y los dirigentes: es el aval más importante, sin dudas.
—Hablás
del reconocimiento de los jugadores y dirigentes. ¿El de
la gente no importa?
—Es
bueno, pero no me cambia la forma de pensar: no me siento ni más
ni menos importante porque la gente diga una cosa. Soy entrenador,
cuando termina la práctica soy un tipo más, no me
cambia para nada ni un aplauso ni un silbido. Eso sí, no
me gustan que me puteen, soy un hombre y no permito que me puteen
en la cara.
—El
hincha de Lanús ya te insultó, y dijiste de padre
boludo hijo boludo...
—Es
así, no sólo en la cancha, en la calle, en la esquina,
en el bar y en el club de barrio donde yo voy: padre boludo hijo
boludo. Si vos vas con tu hijo y te ponés a putear, me
parece que sos un boludo. El día de mañana el pibito
va a hacer lo mismo y se lo va a enseñar a su hijo. Yo
no estoy de acuerdo con eso de que el hincha tiene derecho a putear:
yo no voy a ver a Pinti y, como no me gusta, me paro y le tiro
una piedra.
—¿Fueron
injustos?
—No
importa, ya está. No es que la gente no me interese, pero
no me cambia mi forma de pensar.
—¿Cómo
pensás que te van a recibir en Lanús?
—No
me interesa, por Dios que no me interesa. Está todo dado
para que ganemos: Argentinos no gana de visitante, Lanús
gana de local, está la cosita esa de los hinchas conmigo.
Imaginate lo que sería si ganamos, sería espectacular,
el 70% del Sur se va a poner contento, porque la gente de Banfield
es el 70%.
—¡¿70
y 30?!
—Sí,
así: 70 y 30.
—La
que se viene...
—Los
silbidos ni me van ni me interesan. No voy a reaccionar, ¿vos
querés que me agarre a trompadas con todos? Noooo.
—¿Estás
feliz?
—Está
todo dado para que ganemos. Yo lo noto. |
|
|