CARLOS CARPANETO | ccarpaneto@ole.com.ar

Lucchetti; Barraza, Méndez, López, Bustamante; Quinteros, Bustos, Erviti, Rodríguez; Fernández y Silva. Quiera Dios que estos 11 apellidos se reciten de corrido dentro de décadas, como se alude a otras grandes formaciones que han hecho historia en el club... Así como vamos, por lo menos estamos para dar esa pelea por el gran sueño. Por lo pronto, estos 11 jugadores, el equipo de Falcioni que ya sale de memoria, volvieron a alistarse juntos desde el arranque y el equipo regresó a la victoria.

Contra Colón había faltado el gran uruguayo goleador tras su roja vs. Newell's, ante Atlético se había ausentado Papelito por sus compromisos con la Celeste y frente a Arsenal fue Barraza el titular de baja (a causa de una lesión). Y fueron todos empates... ¿Casualidad? ¿Causalidad? Con los 11 de memoria liquidamos el asunto en apenas 45 minutos. Fue todo lo que se le puede pedir a una tarde para que sea perfecta: el Lencho a pleno sol, la gente alentando a full de punta a punta y el equipo brindando un show de juego y contundencia. No se puede hablar de puntos bajos. Todos rindieron por encima de la media. Hubo altísimos rendimientos en Silva, en Erviti, en Quinteros (su mejor partido en el club). Pero todos se llevan el gran aplauso. Los centrales son unas fieras, lo de Julito es una muestra de la mentalidad ganadora del plantel, Bustos conmueve, Papelito es el primer defensor del equipo y James, aun con las intermitencias propias de un pibito de 18 años, es un lujo para la vista. Se vienen semanas de adrenalina. Y un pedido: piedad en los laburos. Tenemos que copar La Plata el miércoles a la tarde contra el Lobo y reventar Peña y Arenales el lunes 3 a las 19 ante el Pincha. ¡Vamos, Taladro!

Piedad en los laburos: el miércoles, asueto para ir a La Plata.

El Francotirador – Diario Olé – Jorge Mario Trasmonte.

Reflexión 1: los jugadores siguen agarrándose todo el tiempo y dan coartada para fallos mistoerioso. Reflexión 2: Bassi trataba anoche en TV de explicar el penal que le dio a Lanús, una acción que en su estilo jamás sanciona. Es de siga siga, de ignorar roces y agarrones adonde no va la pelota; de no cobrar faltas menores y aún no tan menores, ni para el juego por huevadas. Reflexión 3: Lanús es una de los clubes mejor conducidos y uno de los que mejor juegan, más allá de ayudas arbitrales.
Pero hay alguien de digita las carreras de los árbitros. Designa, suspende, asciende, borra, envía a torneos mundiales y continentales con viáticos jugosos. Como decía Minguito, “les puede levantar un manolito o hacerles un buraco así”. A Jorge Romo, presidente del Colegio de Árbitros, se le atribuyen fluidos vínculos con la dirigencia de Lanús. Laverni se equivoco contra Lanús y fue parado. Maglio se equivocó a favor de Lanús y a la fecha siguiente dirigió River – Independiente.
Romo hace y deshace sin rendir cuentas a nadie y sólo responde a su amigo Julio Grondona, quien le consiguió un puesto rentado ¡en la FIFA! Los más capaces maestros de árbitros (Coerezza, Loustau, Elizondo) se han ido de la AFA limitados, condicionados y disgustados con Romo, quien nunca dirigió ni Primera D. A Romo lo denunció Castrilli en 1998 por aleccionar a los referís jóvenes para que miraran bien los colores de las camisetas antes de sancionar. El juez penal Mauricio Zamudio comprobó que eso ocurrió, pero no pudo probar delito porque más de 20 árbitros (muchos de los que hoy están en Primera) declararon que no se sentían presionados. Le temen más a Romo que a la justicia.

NOTA: INFOREGION

Luego de haber hecho constar en actas un dato falso y de ser investigados por la oposición los dirigentes de Banfield reconocieron que vendieron el 100 por ciento del pase de Civelli al Ipswich Town y no la mitad. “La operación fue turbia y le sacamos la careta a los dirigentes que en la reunión de CD seguían sosteniendo que habían vendido el 50. Estas maniobras oscuras se terminaron, vamos a investigar todo”, apuntó el vocal de la Unión Banfileña Eduardo Spinosa. El presidente Carlos Portell reconoció que hubo “un error de comunicación porque el club sólo conserva el 50 por ciento de una futura venta”. Ay, Banfield…


Aquel affaire que protagonizó el “Gato” Leeb o la polémica que estalló en el club tras las declaraciones del tesorero Raúl Coler hace poco más de una semana parecen historias más que agradables al lado del escándalo que estalló ayer en Banfield: la oposición, que acusaba a la dirigencia de “maniobras turbias” en la venta de Luciano Civelli al Ipswich Town inglés (a cambio de un millón 500 mil dólares), logró comprobar que la Comisión Directiva que preside Carlos Portell vendió el total del pase del zurdo y no el 50 por ciento como intentaron probar desde el vamos.

“Investigamos, no nos quedamos quietos y gracias a la ayuda de hinchas de Banfield que viven en Inglaterra nos hicimos de una copia del contrato de Luciano. Y si uno ve ese documento y lo compara con el que figura en actas son dos cosas totalmente distintas. El club vendió la totalidad del pase, no la mitad como intentaron hacer creer. Tenemos una opción de un 50% de una futura venta que no es lo mismo porque si queda libre, por ejemplo, el club no recibe nada y además no puede negociar con nadie este porcentaje. ¡Hasta en la reunión de CD pretendían seguir con la mentira!”, disparó el vocal de la Unión Banfileña Eduardo Spinosa.

La realidad del fútbol ingles marca que los clubes no pueden comprar porcentajes de jugadores. Y en ese contexto Banfield vendió la totalidad en 1.5 millones de dólares. “Sospechábamos de que algo raro había porque cuando pedimos la copia del contrato (lo hizo el revisor de cuentas Martín Viñuales, como correspondía) en el club nos dijeron que debíamos esperar una semana porque no tenían las llaves de la secretaría. Un verdadero bochorno”, tiró Spinosa, que en octubre fue candidato a presidir el club y contó con un apoyo masivo de los socios, aunque perdió la elección por menos del 1 por ciento de los votos.

¿Qué dice el presidente Portell? “Acá hubo un error de comunicación. El 50 por ciento que tiene Banfield es de una futura venta porque en Europa no se permite tener porcentajes (sic), lo que pasa es que algunos dirigentes como Spinoza no tienen experiencia para gestionar en un club”, se defendió.

Portell le comentó a Región 90.5 que además es falso que el Taladro vaya a cobrar cuotas de 150 mil dólares porque “el club inglés donó 200 mil dólares para pagar los gastos de la transferencia, por eso no debe pagar más”. Ni una buena…

“Nosotros asumimos que se explicó mal, ahora estamos esperando que Luciano venga a Buenos Aires para agradecerle porque él siendo jugador libre (¿cuándo quedó en libertad?) Banfield pudo cobrar los derechos federativos en 1 millón y medio de dólares. Y cuando vos vendés algo que no es tuyo tenés que aceptar ciertos condicionamientos. No queríamos un nuevo caso como el de Neri Cardozo, como le pasó a Boca. Él pidió un dinero que no podíamos pagar para renovar y si quería tomarse un avión e irse podía hacerlo. Por eso estamos conformes con la gestión que nos permite cobrar este dinero por los derechos federativos”, completó Portell.

Otra polémica, otro escándalo y más “errores de comunicación”. Y una frase poco afortunada de Portell para rematar un día caliente. “La elección fue en octubre, estamos recién en febrero… creo que de acá a diez días todos van a ver como la comunicación va a mejorar en todos los aspectos”, prometió.

Levanta las banderas de los jugadores finos como Riquelme. Elogia fuerte a Passarella y a Lavolpe y asegura que está feliz en el Taladro: "A mí no me vuelve loco ponerme la camiseta de Boca o la de River".

JORGE LUIS SIERRA | jsierra@ole.com.ar (Nota Diario Olé Digital del 29 de enero de 2009)

Integra algo así como la Sociedad de los Poetas Muertos del fútbol. En paralelo con la ideología de aquella película, hoy son pocos los futbolistas que combaten el modernismo de correr y no pensar. De sacarse la pelota de encima en lugar de intentar algo distinto. Walter Erviti, su juego, se enrola en la escuela de Riquelme y Pitu Barrientos, por caso. Lucha, desde su lugar, por un fútbol mejor.

-¿Qué fútbol argentino te encontraste al regresar de México?

-Miraba mucho desde allá. Está más agresivo, hay menos juego, todos arriesgan menos, lo que importa es no perder. Se ven pocos buenos partidos y eso perjudica al espectador y a los que nos gusta ver buen fútbol. Ojalá podamos cambiar la idea de que sólo se puede ganar cuidándose.

-Eso hace difícil jugar...

-Es la presión. En todos lados el fútbol es igual, supongo. Pero la presión y la pasión de acá, no. Nadie te regala nada. No es tan lindo espectáculo, mucha agresividad en el juego de mitad de cancha, los defensores paran la pelota poco y nada, el juego es aéreo, y así se hace difícil para los que intentan.

-Es una piedra en el zapato para tu estilo.

--No sólo para mí, para todos. No creo que a la gente le guste estos partidos. Pero todo tiene un por qué. Por ejemplo, los técnicos duran poco, no pueden programar y deben ganar ya. Muchos luchan promociones, si arriesgan les puede costar caro. Y cuando no hay seguridad de un sistema, si no hay confianza, optás por el camino más corto: defender y ver cómo hacer un gol. La mayoría está eligiendo ese camino.

-¿Se acabaron los lujos?

-Falta paciencia. Al que quiere jugar buen fútbol, la gente lo toma de pecho frío, de tener poca responsabilidad. Todo es consecuencia del resultado. Todos quieren ganar sea como sea. Al que arriesga un poco, le dicen que está equivocado.

-¿Te pasó?

-Soy de leer y escuchar poco. Lo veo en los demás. Antes que un lujo o una jugadita, paran y tocan, y no sé si es para sacarse la responsabilidad o que ya está escrito: hay que asegurar la pelota, no arriesgarla. En realidad, hay momentos y lugares en la cancha para hacer todo. No vas a tirar un lujo al lado de tu arquero, pero en campo rival sí. Así se rompen las defensas rivales que amontonan gente. Hoy te hacen un gol y es muy bravo entrarles.

-¿Cuántos piensan así?

-Mis compañeros piensan como yo, quieren jugar bien al fútbol. El camino más corto para ganar es jugar bien.

-¿Es muy distinto en México?

-En Monterrey la gente es de vivir muy particularmente el fútbol. En cuanto al apoyo, se parece mucho al argentino, aunque saben que se trata de un espectáculo. Se asemeja a lo ideal del deporte. Se puede vivir con pasión, criticar, insultar, pero hay un límite, sin llegar a la violencia.

-¿Por qué volviste?

-Decidieron no contar más conmigo, Jorge (Burruchaga) me llamó y me hizo sentir importante.

-¿Quisieron que te nacionalizaras?

-No me lo pidieron directamente: lo barajó la dirigencia. Un técnico me dijo que para el club era mejor. A mí no se me ocurrió nacionalizarme para jugar en México. Si lo hacía era por mis condiciones... y no por mexicano. Si dependía de eso, me volvía. Otros lo hacen por la Selección, como Guille Franco, cosa que a mí nunca se me pasó por la cabeza. No por despreciar al pueblo mexicano porque de hecho tengo dos hijos nacidos ahí y un lazo afectivo. Simplemente, me siento argentino, y más allá de la lejanía, la ilusión de jugar en la Selección, es lo último que se pierde.

-Ahora, con Maradona, nada parece lejano.

-Soy consciente de los jugadores que hay en la Selección... Después depende de lo que hagas en tu equipo. Si lográs algo bueno tendrás más posibilidades. Voy a luchar por ese deseo, aunque el porcentaje no sea grande.

-¿Si jugaras en un grande sería más fácil?

-No creo, mirá el caso de Morel. Depende del juego del equipo. Si andás bien y el equipo no, terminás siendo insignificante. Si un jugador resalta en un equipo del fondo de la tabla, tiene poco valor.

-Te lo pregunto ya en una oportunidad pudiste pasar a River.

-Nunca fue algo serio. Me llamaron como muchos otros, pero yo quería estar en Monterrey. Y tampoco hubo oferta oficial. Me hubiera encantado volver a ser dirigido por Passarella. Le voy a estar eternamente agradecido: al llegar a Monterrey, tuve los primeros seis meses muy bravos y me bancó cuando toda la ciudad me criticaba. Nadie me daba más de cinco partidos. Sólo alguien con su personalidad lo pudo hacer.

-¿Está en tu podio?

-Por ahí quedo como un chupamedias pero a mí me tocaron los técnicos en el momento justo. Ruggeri me hizo debutar en un equipo grande y no me sacó más: le agradezco ser futbolista. Me puso y nunca pretendió cambiarme el estilo, ni me hizo dudar de lo mío. Después salí campeón con Pellegrini, con Passarella. Y en mi consolidación, un mexicano como Miguel Herrera, descubrió todo mi potencial, jugué de lateral izquierdo, de volante zurdo, de contención, de nueve, de wing derecho, hasta en las prácticas me puso de central.

-¿Quisieron cambiarte?

-Nunca.

-¿Y Lavolpe?

-Muchos creen que me peleé con él. No. Fue uno de los que menos tiempo tuve y del que más aprendí. Un tipo que estudia muy bien el fútbol, lo ve, trabaja mucho. La pasé bien. Llegamos a semi y perdimos en el último minuto...

-Nunca te habría puesto de enganche...

-No le gusta a Ricardo. En realidad, yo creo que si él tiene a un jugador capacitado y que sabe leer el juego, lo pondría. Creo que al no tenerlo, prefiere jugar sin enganches.

-¿Y el caso Riquelme?

-Pasa porque él quiere jugadores ágiles, de ritmo. Que le cumplan dos funciones: atacar y defender. No le convence el enganche clásico. Pero tampoco tuvo un jugador como Riquelme. Para mí, Román le gusta a todos los técnicos, te hace ganar un partido. Lavolpe es estricto, trabaja tácticamente pero no es ningún tonto. Es muy inteligente.

-¿Se necesitan más jugadores como Román?

-No hay muchos como él, ojalá los hubiera. No hay quién se le parezca. Por ahí alguno le pega como él pero no logra pensar el partido igual. O al revés. Es completo.

-¿Por qué lo critican?

-Es más fácil... Cómo hacés para jugar 90 minutos al mismo ritmo, tocar bien todas. Es imposible. Obvio que en algún momento se va a equivocar pero también te marca la diferencia. Boca vive estos momentos: lo hace de su mano.

-¿Lo conocés?

-No.

-¿Lo admirás?

-Lo reconozco. Para mí la gente que gana y hace ganar a los compañeros merece un párrafo aparte. Porque es fácil jugar individualmente, agarrás la pelota, gambeteás y por ahí hasta hacés goles. Se complica cuando debés hacer jugar a tus compañeros, hacerlos pensar, ubicarlos en la cancha, y encima jugar bien. Román lo hace.

-¿Por qué pasaste sólo por tres clubes?

-Yo sé que el negocio del futbolista está en las transferencias. Pero a mí no me mueve la plata, tengo otras pautas. Si me quedé seis años en México es porque estuve muy cómodo y no veía necesidad de cambiar por dinero. Cuando se acabó, me vine para Banfield y me quiero quedar mucho tiempo acá. No son sólo palabras. Cuando terminó el torneo anterior tuve para irme de nuevo a México. Y el club y el técnico dijeron que no me vaya y no hice ningún problema. No me peleé con nadie, no pedí aumento, nada.

-Podrías estar en Boca o River...

-Estoy más allá de los colores. Puedo jugar en un grande o en un chico. Se puede estar bien en unos o en otros. Soy feliz acá, me encontré con el mejor grupo mi carrera. No me vuelve loco ponerme la camiseta de Boca o la de River. Mi cabeza está acá y trato de ser mejor acá. Me trajeron en julio sin saber de mi nivel. Se la jugaron. En todo caso, si hay una oferta muy importante tampoco Banfield la va a despreciar. A los 28 años, no es momento de pelear por plata.

-¿Tus metas?

-Mejorar y salir campeón. Es una sensación incomparable. Pero para eso debemos mejorar. Cometimos muchos errores colectivos e individuales. Hay que ordenarse, ser agresivo a la hora de recuperar y luego llegar con mucha gente y concretar...

-Tuviste historias muy particulares en México... Como la de Uciel.

-Sí, un nene que tenía leucemia y estaba en tratamiento. Me admiraba y yo lo visitaba, lo acompañaba. Al tiempo, los doctores me dijeron que se estaba abandonando, empecé a visitarlo de nuevo, lo llevaba a comer, a pasear, a que se dé cuenta que debía lucharla. Cuando estaba en su mejor momento, la enfermedad se lo llevó. Estuve con él hasta una hora antes de su muerte. Me había encariñado mucho. Pero haberle dado una alegría fue especial. Seis meses antes, un amigo mío también murió de leucemia y ahí hice un clic. Entendí que la vida es corta, hay que disfrutarla. Lástima que haya que pasar por una situación así para darse cuenta.

Comienza su era en Banfield. Antes de asumir habló de su controvertido paso por Independiente y sobre cómo ve el fútbol actual. "Soy un obsesivo de mi trabajo".

¿Por qué más de un año sin dirigir, Burru?

-Dependió de mí. Cuando terminamos en Independiente me había propuesto descansar. Defensa, Los Andes, Arsenal, Estudiantes, Independiente... casi sin parar.

-Es raro. ¿Qué pasó: Independiente te desgastó?

-Quieras o no, agarraba bancos cada vez más problemáticos. Con todo lo que me significó la salida de Independiente, me propuse estar más con la familia, ver crecer a los chicos más chicos... Luego traté de encontrar un lugar donde hubiera interés en común. Tuve ofrecimientos acá, en el mercado mexicano... pero no.

-Cambiaste de equipo de trabajo. ¿Eso implica cambios en tu forma de trabajar?

-No mucho. En este tiempo crecí. Vi mucho fútbol. En la Argentina los rótulos están impuestos.

Pero soy un obsesivo de este laburo. Tengo grabados todos los partidos, todas las fechas. Así como conozco a Banfield, los conozco a todos. Los mínimos detalles.

-¿Es más fácil trabajar en Banfield que en Independiente? Al menos, tenés menos presiones.

-No. Mirá: es más difícil salvarte del descenso que salir campeón con River o Boca. La presión es la misma. Lo que cambia es la repercusión que tenés en un lugar u otro. Y por eso, los dirigentes reaccionan distinto. Nada más. Salvo River o Boca, hace un tiempo nadie hace grandes locuras.

Hacían diferencia porque tenían los mejores, que salían del club y también compraban a los mejores que salían de los otros clubes. Hoy la cuna de Boca o de River está igual que la de Banfield.

-¿Se emparejó para arriba o para abajo?

-Se dan las dos. Los desbordes vienen cuando se hacen mal las cosas, arriba o abajo. Los que logran calmar esa corriente y están convencidos... Es como la base de una casa. Cuando está bien, todo está bien.

-¿A vos te quedó el resquemor de haber pasado por un grande y ahora volver a un chico?

-No, yo me proyecto como cualquier entrenador y tengo ambiciones de llegar lo más lejos posible, de llegar a un lugar deseado, pero no me voy a volver loco.

-¿Ese lugar deseado es Independiente, otro grande, la Selección?

-Para todo entrenador es poder dirigir la Selección, o volver a dirigir un grande. O ir a Europa. Pero para mí, desde que me vino a buscar, Banfield es el mejor club de mundo...

-Vos no tenés las urgencias que tienen otros.

-Cada uno tiene su manera de ser. Yo, por llegar, no me voy a volver loco, haré las cosas bien, sin traicionar... Depende de un montón de cosas. Por ejemplo, si Denis, de los 18 goles que hizo en el torneo de Troglio, hubiera hecho diez conmigo, por ahí éramos campeones y estaríamos hablando de otra cosa.

-A Troglio, en Independiente, se lo acusó de ser amigo de los jugadores. Se dijo que fue uno de los motivos de su salida.

-Me gusta un buen trato con el jugador, que parte de la confianza. Tanto el entrenador como el jugador debe ser honesto, saber los límites, haber distancia. Por mi modo de ser, es difícil que sea amigo de un jugador, pero estoy abierto a todo lo que pueda decirme. Con esto no juzgo a Pedro. El técnico exitoso no depende de eso.

-¿Cambió el trato con el jugador?

-Ahora la relación es mucho más compleja. Lo mismo que la relación que nosotros tuvimos con nuestros viejos, y la que tenemos con nuestros hijos. Las relaciones humanas han cambiado muchísimo. Y el lugar de conductor de fútbol es muy complejo por muchos factores. Los jóvenes llegan más rápido, se venden enseguida en millones de dólares, desde muy chicos están rodeados de representantes, de padres que no tienen trabajo... Son urgencias que tiene los pibes, que antes no había. El fútbol de hoy es complicado por todo eso. Sobresalen más los inteligentes.

-¿Más que los jugadores habilidosos?

-Si se dedican y se concentran, logran la diferencia más fácil. Hoy son más importantes los inteligentes que los habilidosos. Siempre lo fueron, hoy con más razón. Indudablemente debés tener buenos jugadores, pero en este fútbol tan dinámico, sobresalen los inteligentes.

-¿Y la experiencia?

-El fútbol argentino se basa en pibes muy jóvenes. Un Verón o un Calderón, se mantienen por capacidad y porque son enormes profesionales.

-Hoy los más referentes se van haciendo técnicos dentro de la cancha.

-¿Lo decís por un gesto que hizo Verón con Sensini? Siempre hubo técnicos dentro de la cancha.

Dos o tres por equipo. Pero ahora no hay tantos. Salvo Verón o Riquelme ningún equipo los tiene. Son los que marcan rumbo. Hoy los jugadores queman un montón de etapas. Desde las Inferiores, que deberían ser lugares de aprendizaje, de enseñanza. Pero llegan a Primera con muchas carencias. Lo que pasa es que la locura del resultado llegó a Inferiores. Si bien el resultado es importante, en Inferiores es lo que menos te tiene que importar.

-¿Cómo se combate?

-Hay clubes que lo logran. Lanús, Vélez, Estudiantes... Trabajan bien. Todos los años logran que pueda haber dos o tres jugadores nuevos surgidos del club... Es una muestra. Pero claro, a ese pibe, si juega bien tres partidos se lo vende, aunque muchos vuelven enseguida. Esta locura llegó a todos lados. No debería pasar que, por ejemplo, un técnico de Primera deba enseñarle al jugador a pegarle con la zurda...

-Hablabas de Europa. ¿Tan lejos estamos?

-Estamos a años luz. ¿Te imaginás, por ejemplo, que el técnico de River vaya a ver a Boca para estudiar cómo juega, como Ferguson cuando fue a ver Chelsea-Liverpool? Un año dirigiendo en Argentina son cinco años dirigiendo en el fútbol europeo...

-¿Te pesa el torneo que ganó Lanús?

-Para nada. No, no siento esa presión.

El baile del siglo (FERNANDO OTERO | fotero@ole.com.ar - Nota Olé 09/03/08)
Banfield fue a la casa del campeón, donde había fiesta armada, y cambió la música. El ritmo lo marcó Cvitanich, con dos goles y dos asistencias. Y el resto sonó bárbaro.

Baile en estado puro, Banfield le sacó viruta al piso una vez que se adaptó a la escena. De un arranque con balbuceos, maniatado por el aura que desprendía la prenda más deseada, tuvo que tomarse 20 minutos para conseguir aplomo, crecer en seguridad y, entonces sí, animarse a la aventura. Sólo en ese breve período Lanús lo intimidó con sus antecedentes de rey, la escenografía montada y sus movimientos firmes, con Valeri más decidido a conducir que a pararse en la franja izquierda, con Blanco profundo por derecha y Biglieri saliendo de la banda en ensayos de diagonales.

Chocho Llop no le escapó al dirty dancing: si una muestra del ánimo de combate transmitido por el entrenador se obtiene a partir de la recuperación de pelota, pues el DT resultó convincente en su arenga. Banfield empezó a llevar el ritmo una vez que confinó a los tipos brillantes de Lanús a una función oscura. Doble o triple marca sobre Valeri (parece un remedo del campeón), estampilla a Sand y volantes cerca de la defensa para obstruir el tránsito fueron aspectos de la primera misión. Una vez en posesión, Banfield se soltó de cuerpo y fue a encarar de la mano de Darío Cvitanich.

Hombre de la matiné, ahí cuando los chicos se divierten, el descendiente de croatas podría haberlo hecho con idéntica eficacia en horario nocturno. No hubo proteccíón al menor para el pibe Quintana, obligado por posición a sufrir con su pareja. Un torneo atrás, Sand encarnaba el sueño clásico de consagración en duelo barrial. Ayer sacó turno el otro punta. A Cvitanich no le quedaron tareas por hacer: desborde y asistencia, una vez por abajo y otra con envío por aire (en el primer gol y en el tercero), potencia y sutileza (segundo), velocidad y precisión (quinto). Hasta forzó el córner del que derivó la volea de Santana. Ahora que Eduardo Da Silva, el goleador de Croacia nacido en Brasil, estará una temporada larga en convalecencia, los dirigentes federativos bien podrían intentar un nuevo ejercicio de seducción para aumentar el fervor balcánico de Cvitanich. Lanús, cierto es, hizo modificación a pleno en la defensa, pues nada queda --sobre todo por lesiones-- de la que se consagró en el Apertura. Salvo Faccioli, referencia de ataque en cada pelota parada del Grana (sólo en ese aspecto el local superó al visitante, pero para algo estaba Lucchetti) y el menos permeable cerca de Bossio, los demás corrieron de atrás al 20, se descontrolaron con las apariciones del 16 (Civelli acertó cada vez que trepó desde su puesto de volante por izquierda) y se sorprendieron con el 32 (Laso les hizo un nudo).

Banfield fue número principal porque golpeó en instantes precisos: en una contra al cabo de un ataque frustrado por Lucchetti, poco antes del cierre del primer tiempo y en el comienzo del segundo, justo por el callejón abierto debido a la salida de Benítez. Esa tampoco le salió a Lanús, ajeno a la costumbre de recurrir a una retaguardia de tres.

Banfield contó con la virtud del predador, porque jamás se apiadó de un equipo maltrecho. Por asuntos de vuelta olímpica, andaba con la sangre en el ojo. Y dejó que fluyera, a temperatura de hervor.

El destino de "vivir" de los goles en los dos arcos (Nota Clarín.con 04-02-08)
En Mendoza se dividía entre jugar de delantero y de arquero. Pero en un momento se quedó entre los palos, aunque dice que disfruta más hacer un gol que salvarlo.

En el destino de Cristian Lucchetti había un arco. Y había gol. Aunque al principio no estaba claro si su objetivo iba a ser convertirlos o evitarlos. Es que en Mendoza, su provincia natal, el actual jugador de Banfield se dividía en la cancha. "Durante seis años, en mi club, Lujan Sport Club, jugaba de delantero en mi categoría y de arquero en la división más grande", explica. Aunque a esa altura, él no tenía dudas: quería ser delantero: "Ser arquero no era el puesto que realmente sentía".

Sin embargo, las vueltas de la vida igualmente le pusieron el número 1 en la espalda. Pero ese espíritu que cultivó cuando hacía sus primeras armas como jugador finalmente pudo revelarse también en Primera.

-¿Cómo fue arrancar a patear penales en Primera? Tu primer gol fue ante Boca.

-Sí. Fue en la Bombonera, se lo hice a (Oscar) Córdoba. Venía desde la B Nacional con ganas de patear. En ese momento el técnico era (Ramón) "Mané" Ponce y el encargado de patearlo era Garrafa (Sánchez). El erró un penal contra Quilmes y entonces Mané me empezó a decir que los pateara yo. Obvio que a Garrafa no le gustó esa decisión.

-¿Qué te decía Garrafa?

-El me decía: "Si cobran un penal ni se te ocurra cruzar la mitad de cancha". Garrafa pateaba muy bien los penales y yo no iba. Cuando ascendimos, Garrafa empezó a jugar menos. Entonces no quedó un pateador definido y contra Boca, Garisto me mandó a que lo pateara yo y por suerte lo hice. Tuve la desgracia de errar dos penales seguidos y por eso estuve tres o cuatro años para volver a animarme a patear.

Ese 2 de diciembre de 2001 parecía ser el comienzo de algo duradero. Pero la racha se cortó rápido. Darío Sala y Juan Carlos Olave le detuvieron los dos siguientes penales que pateó y frenó también esa incipiente carrera de goleador. Por un tiempo tuvo que conformarse con ahogar gritos de los hinchas rivales. Pero lo que Lucchetti siempre quiso fue generarlos para los propios. Ese es su verdadero placer.

-¿Qué disfrutás más, una atajada o un gol?

-Hacer un gol. Eso no tiene comparación con nada. Si bien una atajada puede salvar un partido, el grito de la gente, el festejo de un gol es lo mejor que te puede pasar.

Ahora, en este Apertura consagratorio para Banfield, el arquero pudo conjugar dos de sus placeres. Figura en varios partidos por sus atajadas, Lucchetti también quedó como el goleador del equipo junto con Darío Cvitanich, con 6 tantos cada uno. "Se dio que nos cobraron muchos penales, algo que no es muy habitual. El mérito es más de Darío que mío. No es lo mismo hacer un gol de penal que de jugada. Inclusive algunos penales que hice fueron faltas que le hicieron a él", dice, humilde. Lo cierto es que gracias a la marca del último torneo, Lucchetti quedó como el segundo arquero que más goles convirtió a nivel local. Llegó a los 12 tantos, con los que superó a Sebastián Saja, que quedó con 11. Por ese dato, la imaginación vuela inmediatamente hacia otro arquero que no sólo se destacó en eso de evitar que la pelota entre en el arco propio, José Luis Chilavert. El paraguayo todavía está lejos: tiene 36 goles.

-¿Te interesa alcanzar a Chilavert en cantidad de goles?

-No tanto. La verdad que lo que hizo, lo que ganó Chilavert es prácticamente inalcanzable. El tiene una personalidad enorme, es un tipo verdaderamente ganador. Sin dudas que estoy lejísimos de él. Por supuesto que me gustaría alcanzarlo, pero es casi imposible de igualar.

-¿Entonces por ahora no te animás a patear tiros libres?

-No, no. Acá hay chicos que le pegan bien. Ir a patear un penal es arriesgado y patear un tiro libre es más arriesgado todavía. Hace bastante probé algunas veces y, por el momento, no creo que vaya a patear. De todos modos nunca hay que decir nunca. Capaz que me agarra la loca y los voy a patear.

Ezequiel Avillaneda

Los datos
En el último torneo, Cristian Lucchetti se destapó. La racha arrancó en la 4ª fecha, ante Arsenal. La definición fue con suspenso, porque Mario Cuenca adivinó la intención del arquero de Banfield, que definió en el rebote. Lo mismo sucedió ante Rosario Central, por la 7ª fecha. Hernán Castellano tapó el remate, pero a Lucchetti, otra vez, le quedó la posibilidad de definir. Sí pudo convertir directamente ante Lanús (5ª fecha), Independiente (11ª) y Olimpo (14ª). Para cerrar un campeonato inolvidable tanto en lo personal como en lo colectivo, el mendocino le marcó a River en la última fecha. Tras su primer gol a Boca, Lucchetti volvió a convertir el 26 de noviembre de 2006 ante Gimnasia de Jujuy, por el Apertura, en el que también le marcó a Belgrano. En el Clausura 2007 le convirtió a Nueva Chicago, Racing y Quilmes.

Banfield tiene qué festejar (Nota Olé 09/12/07)

WALTER VARGAS wvargas@ole.com.ar

Banfield consumó un campañón. ¿Se sugiere, acaso, que sus hinchas deberían salir disparados hacia el Obelisco y pasarse allí unas cuantas horas a pura corneta y papel picado? No, no se sugiere tal cosa. Pero, por las dudas, volvamos al punto de partida: Banfield consumó un campañón. Y eso porque a expensas de River sumó su cuarta victoria del Apertura ante rivales usualmente llamados "grandes" y los tres puntos le permitieron sobrepasar la línea de Argentinos y Boca y terminar, sí, cómo no, tercero. Podio para Banfield, a dos puntos de Tigre y a seis de Lanús.

Lanús: he allí el ingrediente perturbatorio o más que perturbatorio, decisivo para que muchos seguidores de Banfield se sientan condenados al infierno del desencanto. Y, la verdad, visto desde cierta perspectiva el asunto tiene algo de asidero. La vuelta olímpica del adversario clásico es un trago muy difícil de digerir, de modo que declinaremos postular un fútbol inspirado en la bondad suprema de Peter Pan, Barney y Winnie The Pooh. Sin embargo, tampoco se consentirá la idea de que el destino del jardín ajeno es más significativo que el destino del jardín propio. Más vale estar advertidos del tan difundido tic de disfrutar el padecimiento del vecino tal si fuera una conquista fatta in casa, o, como sería el caso, vivir la conquista del vecino como la más humillantes de las derrotas.

Banfield afrontó la adaptación de un nuevo técnico, fomentó el crecimiento de los pibes, puso en sintonía a los maduros, asimiló el 0-6 con Boca, el tropiezo con Lanús y una desquiciante alternancia capicúa (ganar-perder-ganar-perder...), hasta estabilizarse como uno de los mejores equipos del torneo. ¿Da o no da para sentirse satisfechos por el deber cumplido?


 
Un dignísimo tercer puesto Nota TyC Sports (24/12/2007)

El Taladro hizo una gran campaña, sólo teñida por la consagración de Lanús. A pesar de todo, el equipo que dirige Juan Manuel Llop tuvo una destacable actuación. Por eso, un aplauso para el plantel.

A pesar de todo, el Taladro hizo una gran campaña. Teñida por la consagración de los vecinos, pero inobjetable desde donde se la mire. El equipo que dirige Juan Manuel Llop consiguió un dignísimo tercer puesto. Por eso, un aplauso para el plantel.

La travesía tuvo muchos vaivenes, pero un spring final a toda orquesta. El ciclo Llop comenzó con una dura derrota ante Estudiantes de la Plata, fue 0-3 en el Florencio Sola. Pero, por suerte, con una rápida recuperación. La segunda fecha fue 1-0 como visitante frente a Racing con el golazo de Luciano Civelli de zurda. En la siguiente fecha nos visitó un “amigo” de la casa, el Bigotón Lavolpe y su Vélez. Y lo recibimos con un triunfo por 1-0. Luego vino la goleada por 4-0 a Arsenal. Tres triunfos seguidos que ilusionaron.

Sin embargo, en la quinta fecha el equipo no pudo aguantar el triunfo ante Lanús y con un hombre menos durante más de la mitad del encuentro terminó perdiendo el clásico en la cancha por 2-1.

A partir de la derrota en el clásico aparecieron los vaivenes. Derrota ante Tigre en Víctoria, triunfo agónico ante Central por 3-2, tras un 0-2 abajo hasta los 40 minutos del complemento y caída en La Paternal con Argentinos por 2-0.

Luego, llegó la catástrofe. Fue un 0-6 con Boca de local. Ahí el equipo tocó fondo. Porque se jugó muy mal en todas las líneas y la derrota pudo ser mucho más holgada. Un papelón con rápida solución. En la fecha siguiente se le ganó a Gimnasia con gol del Gran Darío Cvitanich, uno de los mejores delanteros del fútbol argentino. Luego el equipo le ganó a Independiente por 2-0 y la goleada en contra frente a Boca quedó en el olvido. Pero la fecha siguiente de nuevo la irregularidad, caída ante Huracán por 1-0 para luego derrotar a Colón en el Solá por 3-1.

A partir de la fecha 14 se empezó a normalizar la cosa para cerrar la gran campaña. Se empató, primera igualdad en el campeonato, en Bahía con Olimpo; luego se le ganó con gol de Cvitanich a San Martín en San Juan y en la 16ta. fecha se empató con los jujeños en casa. No se pudo ante Newell’s en Rosario, donde cayó 1-0 y cerró el Apertura con triunfo a San Lorenzo y a River.

La gente ahora espera el campeonato para igualar al “hijo”. Pero a no desesperarse. Ya se le va a dar al viejo y querido Taladro. El primer club que jugó al fútbol en la argentina.

 

Renato Civelli: "Gorosito tiene razón"

El defensor, como Pipo, asegura que Banfield tiene más gente. Y picantea: "No quiero que Lanús salga campeón".

MAURO BOLATTI mbolatti@ole.com.ar

A ver, una sonrisita", le pide el reportero gráfico de Olé. "No no, nada de risas. Mejor a cara de perro", retruca él. Sabe que la situación que atraviesa Gimnasia no da para chistes. Y sabe, también, que el partido de mañana no será uno más… El lo jugará con rabia. El es Renato Civelli, un ex Banfield que quiere taladrar la ilusión Granate. Click, click.

—Está claro que para vos será algo muy especial enfrentar a Lanús...

—Sí, sin dudas. Primero por mí, porque me formé y tengo parte de mi corazón en Banfield, y es obvio que no quiero que Lanús salga campeón. Y segundo, porque tengo muchos amigos en Banfield y un recuerdo enorme de toda la gente que siempre me apoyó al 100%. Ganar mañana sería una linda forma de agradecerles a ellos por todo lo que me dieron. Y además a nadie le gusta que le den la vuelta en la cara.

—¿Lanús es el mejor equipo del torneo?

—No sé si es el mejor, pero me gusta mucho cómo juega. Tienen una defensa sólida, un buen arquero, de mitad de cancha hacia adelante tiene chicos que juegan muy bien a la pelota y un José Sand brillante. Lo tuve de compañero en Banfield y siempre destaqué sus condiciones. José es uno de los grandes responsables de que Lanús esté peleando el título.

—Bossio dijo que Gimnasia tiene poco por perder y mucho por ganar. ¿Coincidís?

—No, para nada. Nosotros cada vez que perdemos un partido, perdemos muchas cosas acá en Gimnasia. A medida que vas perdiendo partidos vas perdiendo también el apoyo del hincha, la credibilidad como equipo. Y eso es lo que el jugador nunca quiere perder, que es lo que en definitiva te hace estar bien.

—¿Es verdad lo que afirmó Pipo Gorosito, que en el Sur el 70% es de Banfield?

—Sííííí, totalmente. Hay que ser muy exacto para tirar los porcentajes, pero hay mucha más gente de Banfield. Eso te lo aseguro.

Néstor Gorosito: "El 70% del Sur es de Banfield"

Pasó por Lanús, los hinchas no lo quieren y él le puso pimienta al partido. Con ustedes, Pipo en llamas.

ARIEL KERTZMAN akertzman@ole.com.ar

Pasó una largo rato desde el mano a mano con Olé. Néstor Gorosito baja la ventanilla del auto y mete presión: "Ojo con lo que vas a poner de título".

—Pipo, el título está más que claro, lo dijiste vos y está grabado: "El 70% del Sur es de Banfield".

—Sí, sí, es así. Es más, vamos a ganar. Yo confío.

Los rulos se pierden tras los vidrios polarizados, pero el aire queda viciado de la pimienta verbal de Pipo. ¡Y cómo pica! Se viene Lanús, equipo que estuvo bajo el mando de este ex enganche de etiqueta negra. Y el hombre se descargó con una frase que explotó en medio de la nota como si nada: estaba esperando el momento, como en sus días de jugador, cuando medía a los rivales hasta ver el hueco perfecto para meter un pase de gol. Gorosito es vivo. Pegó en el lugar que más duele. Pero dijo muchas cosas más.

—¿Enfrentar a Lanús es especial para vos?

—No, no sé si la palabra especial es la adecuada, me pone contento porque a nivel dirigencial debe estar entre los mejores, hay gente seria, respetuosa, de los jugadores ni hablar, son espectaculares. Hasta el día de hoy me llaman, tenemos una excelente relación. Es más, a todos los chicos que están ahora los pusimos nosotros.

—¿Cómo todos?

—Todos, todos: Lautaro, Blanco, Valeri con nosotros tuvieron continuidad. De jóvenes cometieron errores y ahora se ve la cosecha.

—¿Te da orgullo?

—Y sí, seguro. Lo dijo hasta Ramón Cabrero, que es un tipo excelente y claro en sus conceptos: reconoció que uno dejó cimientos importantes. Ahora, Ramón construyó todo eso y es el producto actual.

—Es decir, los frutos se ven con Cabrero...

—Es normal, lo más importante no es el reconocimento de la prensa, lo más importante es el reconomiento de los jugadores y los dirigentes: es el aval más importante, sin dudas.

—Hablás del reconocimiento de los jugadores y dirigentes. ¿El de la gente no importa?

—Es bueno, pero no me cambia la forma de pensar: no me siento ni más ni menos importante porque la gente diga una cosa. Soy entrenador, cuando termina la práctica soy un tipo más, no me cambia para nada ni un aplauso ni un silbido. Eso sí, no me gustan que me puteen, soy un hombre y no permito que me puteen en la cara.

—El hincha de Lanús ya te insultó, y dijiste de padre boludo hijo boludo...

—Es así, no sólo en la cancha, en la calle, en la esquina, en el bar y en el club de barrio donde yo voy: padre boludo hijo boludo. Si vos vas con tu hijo y te ponés a putear, me parece que sos un boludo. El día de mañana el pibito va a hacer lo mismo y se lo va a enseñar a su hijo. Yo no estoy de acuerdo con eso de que el hincha tiene derecho a putear: yo no voy a ver a Pinti y, como no me gusta, me paro y le tiro una piedra.

—¿Fueron injustos?

—No importa, ya está. No es que la gente no me interese, pero no me cambia mi forma de pensar.

—¿Cómo pensás que te van a recibir en Lanús?

—No me interesa, por Dios que no me interesa. Está todo dado para que ganemos: Argentinos no gana de visitante, Lanús gana de local, está la cosita esa de los hinchas conmigo. Imaginate lo que sería si ganamos, sería espectacular, el 70% del Sur se va a poner contento, porque la gente de Banfield es el 70%.

—¡¿70 y 30?!

—Sí, así: 70 y 30.

—La que se viene...

—Los silbidos ni me van ni me interesan. No voy a reaccionar, ¿vos querés que me agarre a trompadas con todos? Noooo.

—¿Estás feliz?

—Está todo dado para que ganemos. Yo lo noto.