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Le dicen Bolso pero no es más que una cartera de dama (12/03/2010)

Pésimo fue el operativo en Montevideo. La organización por parte de la policía uruguaya me dejó la sensación de estar reviviendo los peores años de nuestro fútbol. Usted, asiduo asistente a estadios de Argentina, recordará que hace no menos de 15 años en Capital, la parcialidad visitante debía permanecer en sus respectivas tribunas hasta la desconcentración total del público local. Una barbaridad!!! Pasaban más de 30 minutos hasta que el jefe de la policía se dignaba a dar la orden para que un grupo de hinchas visitantes pudieran pisar por fin la calle de la "libertad". Una vez que esto sucedía, uno debía sortear diferentes pruebas que se repetían casi de manera constante en cada visita. Primero, el hincha visitante (más visitante que nunca) tenía que ubicarse y establecer la manera más sencilla o menos peligrosa de volver a su casa. Segundo, jamás podía vestir una camiseta de su club, porque al ser visto por un fanático local, que ya estaba desde hace rato sentado en un bar bebiendo un clásico porrón de cerveza barata, seguro iba a tener que dar explicaciones de su pasión, desembocando generalmente esta charla en un infortunado asalto que incluía robo de prendas de vestir y una amistosa caricia. Tercero, ya estando en tierra totalmente ajena, lo mejor era ir en grupo para “aguantar” mejor así “los trapos” o quedarse cerca de un señor policía, que de hecho hacían hasta lo imposible para dejarte aislado y propenso a ser agredido. Cuarto, si llegabas a tu casa sano y salvo, tras haber esquivado cascotes, escupitajos y cualquier otra cosa que volara y sirviera para generar impotencia, y ya 2 o 3 horas de terminado el partido, uno esperaba que sus dirigentes hicieran un pedido formal al club local y a la policía de la capital para evitar estos sucesos en el futuro próximo. Era así nomás y eso que me quedo corto. Bueno, la situación con el paso de los años se solucionó y hoy por hoy, la policía entendió que era más fácil acompañar a los hinchas visitantes hasta una salida afable que tener que esperar la desconcentración de no menos de 30 mil espectadores y que luego éstos estén por los alrededores con ansias de “venganza” si su equipo había salido derrotado. Así los visitantes llegaron a sus casas menos adoloridos y humillados y la policía con menos conflictos a cuestas. Ni hablar de la AFA.
Señores, no me equivoco si digo que Uruguay está retrasado en este tema por lo menos 15 años. Cometen la infantilidad de dejar a los visitantes dentro del estadio 40 minutos, mientras los locales se acomodan con tranquilidad en sus “trincheras” a la espera de la salida de un grupo de hinchas que sólo desean volver a una zona de paz. Eligen las mejores piedras y las acumulan en bolsillos y bolsas y de paso mientras esperan, practican puntería con árboles o latas del otro lado de las avenidas. Una locura, señores responsables de la “seguridad” en el estadio Centenario!! Muchos hinchas banfileños fueron atacados por inmaduros nacionalistas a la salida de esa cancha que supongo no fue refaccionada desde hace 50 años (¿). La policía, poca por cierto, hizo lo que pudo o quiso para descomprimir los efectos de algo que se veía venir. Tan sólo 9 cuadras nos separaban de la Terminal de Tres Cruces. Cuánto tiempo podríamos haber consumido hasta llegar a destino? 15 minutos? 20 tal vez?. Lo ilógico también prepondera en Uruguay. Los 40 mil hinchas del Bolso con pasividad dejaron sus tribunas y se distribuyeron por toda la ciudad y nos esperaron para darnos una simpática despedida. Nosotros no nos quedamos atrás y respondimos como pudimos, pero así no debe ser la historia. Párrafo aparte a los hinchas del Bolso, que parecían nuestro clásico por la tanta importancia que nos brindaron en sus amateurs cánticos y revoleo de objetos contundentes durante todo el partido y más después de éste. Esto debe cambiar y los dirigentes de Nacional y del fútbol uruguayo en su totalidad debe poner las cosas en claro, esto no es seguridad, es barbarie. Espero que nuestros dirigentes también presenten las respectivas quejas formales, aunque hoy no sirva, quizás sí más adelante.